La pasada noche del 23 la Carpa Dorada en Vivo hizo acto de presencia en la capital tinerfeña para traernos a Mago de Öz, grupo de "folk metal" (como ellos mismos se denominan), tocando junto a los teloneros Dead Relic, ganadores del concurso Dorada en Vivo.
La capital se vio acorralada ante tanto metal que bajaba hacia la carpa. El concierto tuvo un público entregado, con una afluencia nada desdeñable considerando que era jueves, y al día siguiente había que trabajar.
Dead Relic subió al escenario, y prontamente comenzaron a tocar. A medida que el grupo tocaba, comenzaba a demostrar el por qué han sido los ganadores del concurso en Tenerife; mucha profesionalidad (que no impidió que crearan un vínculo muy cercano con el público), canciones que a todas vistas tenían horas de ensayo a sus espaldas, y sin un ápice de nerviosismo. Dieron un buen repaso de lo que tienen que ofrecer, y supieron estar a la altura de las circunstancias.
El sonido (como en muchos conciertos y festivales en estas islas) no fue el mejor, en ciertos momentos el sonido se perdía un poco, pero a pesar de ello, se pudo disfrutar la mayoría del espectáculo. El público, entregado, emocionado y expectante, se entregó de la misma forma, y no fue nada fingida la gratitud que demostró la gente en forma de aplausos cuando Dead Relic dejó el escenario, deshaciendose en agradecimientos, cosa que siempre agrada a los espectadores, para que negarlo.
Un tiempo prudencial más tarde, aparecía en el escenario Mago de Öz, luego de varios años de ausencia en el panorama canario.
El mega grupo de metal, practicamente con sus componentes originales, dio un muy buen concierto, de casi dos horas, repasando sus clásicos, y evidenció que es posible seguir dando buenos directos luego de 20 años.
Y no por nada tienen 20 años de carerra a sus espaldas; se movieron en el escenario, lograron que la gente coreara y gritara ante cada movimiento, cada coro y cada palabra de agradecimiento por parte del grupo.
Mago de Öz probó que da igual si hacen metal poco comprometido(según los metaleros) o demasiado heavy (para los no metaleros). Enseñó que no les hace falta encasillarse en ninguna etiqueta; que a la hora de la verdad dan unos directos en los que palabras como vigor, contundencia, intensidad e ímpetu se quedan pequeñas ante lo inefable de su actuación. |